Maria Fernanda Gonzalez, Ex Au Pair en Francia

Como siempre, la felicidad nos invade. Siempre nos llena de alegría escuchar las historias que cada Au Pair traza, los diferentes caminos por los que nos lleva este programa. En esta ocasión es Fer, una de nuestras ex Au Pairs en Francia. Nos comparte su experiencia y cómo fue todo su proceso. Lo mejor siempre son las historias, el cambio de vida que provoca viajar.
“Cuando me entere del programa tenia 17 años. Inmediatamente me intereso viajar a Francia. No sabía hablar francés, así que me inscribí a una escuela de idiomas para aprender lo más que pudiera durante un año. La idea que me plantee fue que recién tuviera la mayoría de edad pudiera viajar. Y así fue.
Desde muy joven mi ilusión era viajar a Europa y conocer todos esos lugares que aparecen en los libros de historia, en las revistas de viajes, etc. Estaba muy emocionada y solo pensaba en una cosa: ¡Quería viajar y comerme al mundo! Sentía que podía hacer todo lo que me propusiera.
De esa manera y con ese ímpetu inicie mi proceso de colocación en esta agencia, en donde hoy nos leemos y seguimos compartiendo maravillosas experiencias. Seguí estudiando francés durante todo mi proceso hasta que finalmente encontramos una familia con la que tuve afinidad (que es lo más importante). Me enteré que iba a estar a cargo de dos niñas, una de 5 y otra de 7 años. Me aceptaron, estaba demasiado contenta y emocionada. Espere mis documentos, hice mi trámite de visa, compre mi boleto de avión y por fin, el gran día tan esperado llegó, finalmente viajé.
Llegué a Paris. No podía esperar más para conocer la torre Eiffel, al segundo día tome el metro de parís para ir a conocerla. De donde soy en Mexico no tenemos metro y en ese momento no sabía ni cómo tomarlo. De la emoción eso ni siquiera me preocupo.
Recuerdo la sensación insuperable cuando la vi por primera vez, sentía que mi corazón palpitaba al 1000%, fue una experiencia inolvidable. Esa sensación de haber logrado una meta, de haber cruzado verdaderamente un océano sin mis papás y saber que estaría sin ellos 12 meses. Todo había valido todo la pena.
Ya en el día a día me di cuenta que todo lo que había estudiado del idioma no era suficiente para entender el francés nativo. Para mí hablaban muy rápido y no entendía mucho. Creo que a todos nos pasa lo mismo. Pero pronto me incorpore a mis clases de francés y continué el aprendizaje del idioma. A los 3 meses ya hablaba muy bien, entendía gran parte del idioma y poco a poco aprendía los modismos, ese lenguaje coloquial que a veces es tan difícil pero tan necesario.
El proceso de adaptación siempre es difícil. Fue difícil. Estar lejos de mi familia, de mis amigos, de mis costumbres. Pero poco a poco me fui involucrando más y más en la nueva cultura hasta que de pronto, sin darme cuenta, me sentía como parte de la misma.
Conocer gente nueva, pasear por las calles, conocer nuevos lugares, probar nuevas comidas. Siempre hubo algo nuevo que aprender, con que maravillarme.
Si no hubiera sido por este programa, mi sueño de conocer otras culturas hubiera sido prácticamente imposible. El elevado costo de estudiar y vivir en un país extranjero pagando hospedajes y colegiaturas, no lo hubiera logrado. Por eso agradesco infinitamente la existencia de este maravilloso intercambio cultural, que estoy segura, para nosotras es el mejor que pueda existir”.
Atentamente.
Una joven del mundo queriendo seguir recolectando experiencias y logrando sus metas.