Monserrat Martínez – Au Pair en Chicago, EUA

“Mi experiencia como au pair ha sido un momento de transición en mi vida, de trabajar con niños a cuidar de ellos, el saber que eres parte de una familia que los niños prefieren jugar contigo que estar en la televisión, el saber que te vuelves parte fundamental de sus vidas, de su aprendizaje, de sus vivencias, de su inocencia y pasas a ser la hermana mayor.

Mi experiencia como au pair no comenzó cuando llegué a EEUU, mi experiencia comenzó cuando me encontraba en el proceso de entrevistas. Para mi es muy especial poder compartir mi vida con alguien más, y si iba a pasar 1 año con una familia, conociendo sus costumbres, viviendo sus reglas y compartiendo un año de mi vida con los niños, necesitaba encontrar la familia adecuada, así es como después de 11 entrevistas la encontré. Podría decir que fue match a primera vista, la familia era muy jovial, honestos, y los niños al estar en nuestra primera entrevista me pudieron transmitir una vibra extraordinaria que no podría describir, simplemente me enamoré.
Como la mayoría de las niñas que quieren vivir esta experiencia me encontraba sumamente nerviosa, pues tenía que viajar miles de kilómetros lejos de mi casa, mi familia y mis costumbres y comida (la cual extraño mucho), para poder conocerlos. Me preguntaba que detalles podría llevarles, qué actividades hacer con ellos, qué comidas prepararles, entre muchas otras preguntas. Al final pensé en la ciudad, si bien es parte importante, a mí me interesaba más el hecho de poder sentirme cómoda en mi nuevo hogar con mi nueva familia.

Leyla y Nate se han esmerado en hacerme sentir parte de la familia desde el momento que llegué. Mantengo una buena comunicación con ellos, pues por mi edad y mi forma de ser y la de ellos, podemos platicar de diversos temas, ellos me hacen participe de sus días y sus trabajos al igual que yo les planteo mis sueños, metas y objetivos.
Beckett, Adelaide y Evelyn son los niños más lindos con los que he vivido hasta ahora, sobre todo las niñas, Beckett es un niño muy cariñoso, pero por la edad prefiere pasar tiempo con sus amigos, las niñas me fascinan porque puedo sorprenderlas invitándolas a hacer diversas manualidades, arte y música.

Estoy muy agradecida por vivir esta experiencia, que no solo es conocer otro idioma, es conocer costumbres y tradiciones y no únicamente americanas, también he conocido las tradiciones y costumbres de mis amigos au pairs que vinieron de otros países a vivir este sueño al igual que yo.

Mis momentos felices e inolvidables han sido muchos pues cada uno me deja diversos aprendizajes y experiencias. Thanksgiving y comer la cena tradicional de esa celebración; Halloween y poder salir con los niños a pedir dulces en las casas y recibir otros niños en la nuestra; mi primera nevada e ir a escoger el pino de navidad, así como adornarlo, la cena de navidad y año nuevo, pero también el ir a festivales, a ferias de calabazas y manzanas.
Dentro de las experiencias que han quedado marcadas en mi estancia buenas son incontables, pues trato de aprovechar cada vivencia como enseñanza sea buena o mala, sin embargo, una mala es que nunca sabemos en qué momento los niños van a sufrir alguna lesión. Tal es el caso de una de las primeras salidas en familia en la que me encontraba jugando con las niñas, la más grande, en un segundo al agacharme a recoger una hoja se torció el brazo y no paraba de gritar, fue un momento de frustración porque a pesar de tener capacitación en 1ros auxilios el dolor es incontrolable y los niños lo que van a hacer es gritar y llorar, pero fue mayor mi frustración primero porque en ese momento mi ingles no era tan bueno, así que no le entendía mucho de lo que decía. Por mi mente pasaba que los padres pensarían que fuera incapaz de cuidar a sus niños y estuviesen decepcionados o enojados conmigo y me mandaran a rematch, así que nos fuimos a casa mientras esperaba a que llegaran con la niña del hospital por mi mente pasaban miles de cosas, yo ya estaba casi casi haciendo mi maleta y buscando otra familia; cuando llegó Leyla me encontraba tratando de tranquilizarme haciendo manualidades afuera de la casa y cuando noto que no me encontraba bien me abrazó y me dijo que todo estaba bien, que no era mi culpa, que estaban agradecidos de tenerme en su familia y que los niños siempre se caen y se lastiman pero que fue bueno que hubiese estado ahí en ese momento. Esa acción hizo que me sintiera más cobijada como no tienen idea, en su familia, en todo y pudiéramos tener una buena confianza como hasta ahora”.

Monserrat Martínez Cornelio, Au Pair en Chicago, Estados Unidos